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  • Sandra Mendizábal

Los retos de la filantropía en el Perú durante el escenario del COVID-19




En los últimos meses, nuestro país, al igual que el resto del mundo, ha sido golpeado por una profunda crisis humanitaria provocada por el COVID-19. El 71,1% de trabajadores en el Perú son informales y viven del día a día, situación que ha generado que 1 de cada 3 hogares deje de percibir ingresos, aumentando el grado de incertidumbre y vulnerabilidad en el que ya vivían.


Hoy en día, muchas organizaciones sin fines de lucro y causas benéficas se encargan de brindar ayuda a las personas más necesitadas a lo largo de todo el territorio nacional. Su noble labor mantiene a flote a una cantidad inimaginable de familias peruanas. Sin embargo, estas se están viendo afectadas por diversos retos generados por la coyuntura.


Por un lado, la falta de recursos para sostener las operaciones de las organizaciones filantrópicas es una de las muchas consecuencias de la crisis generada por el COVID-19. Incluso organizaciones internacionales como CESAL, ONG española que ha ayudado a más de 3 millones de personas y tiene actuación en el Perú hace más de 25 años, han visto que los fondos con los que financiaban sus proyectos se han suspendido; lo cual los ha llevado a recurrir a la solidaridad de empresas e individuos con ánimos de contribuir con sus proyectos.


Más allá de lo financiero, la emergencia sanitaria ha obligado a las organizaciones filantrópicas a llevar al máximo su potencial, teniendo que reorganizar todos sus esfuerzos en torno a las medidas de protección impuestas por el Estado de Emergencia.


En una entrevista, Paola Cárdenas, Directora de Comunicación y Sostenibilidad para CESAL en el Perú, nos comentó que han tenido que suspender varias de sus actividades. Como ella explica, “normalmente estamos capacitando, formando a los chicos. Pero ahora, las prioridades han cambiado. Más del 80% de los colectivos con los que trabajamos pertenece al sector informal y ninguno de sus negocios son de primera necesidad. Por ello, se ven obligados a estar en sus casas, sin poder adquirir productos para alimentarse. Si su situación era vulnerable, ahora esto ha empeorado. Por ello, hemos tenido que re-adecuar algunas actividades y sobre todo hacer acciones de atención humanitaria”.


Algo similar sucede con Perú Goal, organización basada en “educar con amor”. Esta ONG busca llegar a las comunidades con charlas y eventos de sensibilización en temas de educación. Actualmente no pueden ir de manera presencial a donde se encuentran los niños por las medidas del distanciamiento social y la cuarentena, por lo que el foco de su reestructuración se basa en llevar asistencia y ayuda social, donando canastas equipadas con productos de primera necesidad y activando campañas en redes sociales. Con esto, han logrado beneficiar a más de 60 familias en el Cerro de Puquio - Pamplona Alta.


Otro caso es Villa Vida, un albergue para madres adolescentes. Como nos informan sus voceras Talía Yepes y Piangella Sanoni, “este es un albergue que funcionaba gracias a actividades propias que generan retornos, como talleres de pastelería, lo cual hace que normalmente no necesite de entidades externas. Pero ahora, debido a que todas estas actividades se han paralizado, se ha tenido que reestructurar todo para que el albergue se sostenga a través de donaciones”.


Además, el Hogar San Camilo es un ejemplo de cómo la planificación e integración de esfuerzos son de suma importancia. Esta es una institución sin fines de lucro que desde el año 1995 atiende a personas seropositivas, portadores del VIH, y a sus familias. El contexto actual ha implicado que no puedan realizar actividades de formación y acompañamiento a nivel nutricional, psicológico, de enfermería, estimulación temprana, etc. Más aún considerando que la población seropositiva es particularmente vulnerable, puesto que el virus afecta sus defensas y los hace más proclives a tener cualquier enfermedad como el COVID-19. Por ello, ya llevan 10 semanas entregando canastas de víveres a las 90 familias con las que trabajan y han habilitado medios para facilitar las donaciones, como Yape o PLIN. Además, están trabajando en un proyecto para poder cubrir las brechas de conectividad por falta de dispositivos móviles o internet en las familias, y así lograr que puedan seguir teniendo las charlas. Con estas iniciativas, sumadas a evaluaciones periódicas de salud a la población, la estrategia integral del Hogar San Camilo no solo evita exponerlos, sino que también garantiza la efectividad de sus proyectos.


Es así como muchas otras organizaciones a nivel nacional han tenido que adaptarse, llevando a cabo esfuerzos enormes por seguir brindando la ayuda necesaria a las poblaciones a las que apoyan mientras siguen estrictamente los protocolos de salud.


Retos como la suspensión de actividades y la dificultad para acercarse a las familias de CESAL y Perú Goal, la pérdida de capacidad para autosostenerse en Villa Vida o la dificultad logística que enfrenta el Hogar San Camilo, conllevan gastos que definitivamente escapan de los presupuestos de las causas. Para cubrir estas necesidades económicas y logísticas, producto de las consecuencias del COVID-19, las organizaciones están apelando a la actuación colectiva y articulando esfuerzos con otras entidades. De hecho, el 50% de las organizaciones son beneficiadas por empresas principalmente. Ejemplos de apoyo existen varios, como el de Cáritas al Hogar San Camilo, o la ayuda de Juguete Pendiente a Villa Vida. Pero más allá del apoyo por parte de entidades, la solidaridad individual también es importante, constituyendo un 27% del financiamiento a ONGs en el Perú. En la mayoría de los casos mencionados, se ha podido ver que cuando se da un fenómeno que no hemos vivido antes y que requiere de ayuda, hay muchas personas con el deseo de ayudar. El asunto aquí es lograr que las iniciativas se puedan difundir y que tengan exposición, para que alcancen el mayor apoyo posible.


La filantropía en el Perú logra impulsar soluciones nuevas para contextos particulares, da exposición a las problemáticas de las poblaciones vulnerables y fomenta la articulación, solidaridad y apoyo de diversas entidades e individuos. Definitivamente, los retos que está trayendo consigo esta crisis humanitaria servirán como catalizadores de nuevas iniciativas y fortalecerán las operaciones de las organizaciones existentes. Pero para ello, es necesario que no solo aplaudamos su trabajo por lograr un mejor Perú, sino que realmente contribuyamos a su desarrollo.


Fuentes:


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